El cristianismo de sacos rotos

19Ene '19

El cristianismo de sacos rotos

Por: Carlos Irizarry

“Ahora tenemos esta luz que brilla en nuestro corazón, pero nosotros mismos somos como frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro. Esto deja bien claro que nuestro gran poder proviene de Dios, no de nosotros mismos.”

2 Corintios 4:7

Como es costumbre, siempre trabajo y realizo algunas labores de la casa escuchando música. No es secreto para mis amigos y familia que me gusta casi todo genero musical, desde música tropical hasta rock heavy metal. Pero uno de los géneros que mas me gusta y me apasiona es la música urbana y el rap. Puede ser por que cuando me criaba era la época dorada para este tipo de música o que simplemente me sienta atraído por su estilo callejero. Hace unos días escuchaba a un rapero que es nuevo para mi, Elemento, a quien descubrí por una pagina de teología reformada en Facebook. Una de sus canciones que mas que me gustó se titula “Siempre quieren más” la cual trata de que nunca somos conformes con lo que tenemos sino que nos enfocamos en tratar de ser felices buscando cosas materiales y de esa manera jamás lograremos satisfacernos. 

La parte que más me gustó de la canción es una linea del coro que dice “Siempre quieren más, siempre quieren más, como buscando un saco roto llenar”.  Esta frase “como buscando un saco roto llenar” despertó un sentimiento de intriga e introspección espiritual en mí. Sé que el tema de la canción es sobre la codicia de bienes materiales etc… pero esta frase que les acabo de compartir me llevó a pensar más allá. No solo en el deseo del ser humano de alcanzar más en cuanto a la estabilidad económica sino también a nuestra espiritualidad. 

Muchas veces como cristianos nos convertimos en sacos rotos. Si usted ha tenido la experiencia de recoger frutos de una finca, sabrá que un saco roto no cumple con el propósito para el que fue creado. Todo lo contrario, por mas que tratemos de llenarlo para satisfacer una necesidad, terminamos perdiéndolo todo. ¿Por qué les traigo este ejemplo? 

El cristianismo occidental que vivimos hoy día es como ese saco roto. Hemos creado una cultura donde solo importa el ir a la iglesia para yo “llenarme de Dios”, para “recibir la bendición que Dios tiene hoy para mi”. Y me podrán preguntar que tiene esto de malo. Bueno, este tipo de actitud de solo ir a recibir y recibir y recibir… para mí solo desarrolla una cultura individualista centrada en las “necesidades” palpables del individuo y no de mi prójimo. Nos importa más que “Dios me bendiga a mi, a que Dios nos bendiga a todos”. Esto tipo de pensamiento es el que nos dice “No dejes que tu hermano te robe la bendición.” ¿Cómo es posible que vivamos tan encerrados en nosotros mismos que solo buscamos que Dios nos bendiga a nosotros, sin pensar que la iglesia es una comunidad y que la bendición de uno es la bendición y alegría de todos? 

Este tipo de cristianismo nos ha convertido en sacos rotos. Nos ha hecho dependientes de que Dios solo nos hable a través de “un profeta” o de algún tipo de manifestación sobrenatural domingo tras domingo, culto tras culto y así nos sentimos que estamos llenos de Dios. Pero este tipo de cristianismo no llega muy lejos en la semana ya que está basado más en el emocionalismo y experiencias superficiales que en las verdades bíblicas que ignoramos. Este tipo de cristianismo nos ha convertido en sacos rotos porque vamos buscando una experiencia que me haga sentir diferente o especial, cuando el cristianismo de la Iglesia primitiva se trataba de la experiencia en comunidad y del servicio al prójimo; no de mi experiencia individual sin buscar bendecir a los demás. 

Este cristianismo de sacos rotos sale de la iglesia un domingo y a través de la semana no puede bendecir a nadie porque ya no tiene nada que dar. Este cristianismo de sacos rotos sale los domingos de la iglesia de la misma manera que entró porque esperan que en el edificio de 4 paredes esté esperándolos “un Dios de experiencias” dispuesto a saciarles la necesidad de un encuentro que los haga hablar en lenguas en vez de hablar con el prójimo para bendecirlo. 

Este cristianismo de sacos rotos sale de la iglesia el domingo declarando y decretado que Dios abrirá los cielos para derramar lluvia de bendiciones para ellos. Es como si Dios fuera su esclavo o el genio de la lámpara que cumple los deseos de su amo en vez de orar al Padre como nos enseñó Jesús, pidiendo que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo. Este cristianismo de sacos rotos nos enseña que la oración con fe doblega y moldea la voluntad de Dios a nuestra voluntad, sin importar el criterio y plan de Dios; esto solo logra alejarnos de Dios cuando su voluntad es ejecutada por encima de la nuestra. 

Este cristianismo de sacos rotos nos enseña que el individuo es el centro del Evangelio, que todo debe girar en torno al ser humano y su deseo; cuando el evangelio mismo nos enseña que Cristo es la piedra angular y que su instrucción y ejemplo para nosotros fue el servicio. Este cristianismo de sacos rotos nos hace pensar que si tu prójimo no hace lo mismo que tú estas haciendo no es tan santo como tú, sino que es un pecador más que solo “ensucia la casa de Dios”. Este cristianismo de sacos rotos llega a la iglesia pensando que los pecadores son los que deben llegar a la iglesia y no se dan cuenta de que la iglesia somos tú y yo, que nuestra responsabilidad es predicar el Evangelio para traer a los pecadores al cuerpo de Cristo. En fin, este cristianismo de sacos rotos coloca al ser humano en la cúspide religiosa y a Dios como esclavo de nuestras interpretaciones, normas de santidad y deseos. 

Hemos creado nuestra propia versión de Dios, lo que nos llevará a sentir que el vacío de nuestro corazón y nuestra alma nunca será saciado si no es por estas experiencias semanas tras semanas.

La única manera que existe para que nuestro saco sea remendado y sellado es:

1) Que conozcamos al Dios bíblico.

2)Que volvamos al estudio de la Biblia.

3) Dejemos que ella (la Biblia) nos diga quien es Dios en vez de nosotros decirle a la Biblia quien es Dios.

Vivir una vida fundamentada en la verdad bíblica nos transforma de un saco roto a una vasija en las manos del alfarero. Dios puede darnos la forma que Él desee ya que sabe en dónde nos usará y con qué propósito. Él se encargará de darnos la forma que Él quiera para ser vasijas que bendigan a la comunidad y a la iglesia de Cristo en lugar de ser sacos rotos incapaces de cargar y transportar el mensaje de restauración, amor y perdón que Jesucristo nos enseñó.

Oro para que Dios quite el orgullo y el individualismo de su iglesia, para que nos permita ser vasijas de barro que bendigan a su cuerpo en vez de ser sacos rotos incapaces de servir a Dios y a nuestro prójimo. Mi invitación para ustedes es que nos examinemos a la luz de la palabra de Dios y le pidamos a Dios que nos muestre si estamos pecando contra Él con nuestro orgullo. Si estamos colocando nuestro ego y deseos de prosperidad por encima de su Evangelio y nuestro deber de servir y amar al prójimo. Que Dios nos permita ser lo suficientemente humildes para reconocer nuestro pecado y arrepentirnos. Arrepintámonos de todo corazón y el Señor que es fiel y justo nos perdonará para darnos la forma que Él ha preparado para nosotros desde la fundación del mundo.

No seamos más sacos rotos que nunca pueden ser saciados. Seamos vasijas en manos del alfarero para que su voluntad traiga significado y propósito a nuestras vidas.

Créditos: Carlos Irizarry https://www.lateologiadelacalle.com/blogs/lateologiadelacalle

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